Hay una frase que escucho constantemente:
“Solo quiero ver qué pasa.”

Suena humilde.
Suena relajada.
Suena incluso madura.

Pero es una trampa.

Cuando no defines qué esperas de tu obra, no estás siendo flexible.
Estás dejando que el proyecto sea definido por fuerzas externas: el mercado, el feedback aleatorio, el cansancio o el abandono.

La indefinición protege el ego a corto plazo, pero destruye la trayectoria a largo plazo.

Porque si todo vale, nada importa realmente.

No se trata de obsesionarse con el resultado.
Se trata de decidir qué tipo de resultado estás dispuesto a perseguir.

La pregunta no es “¿qué pasará?”
La pregunta es:
“¿Qué quiero que pase… y qué estoy dispuesto a hacer para que ocurra?”